Con buenas referencias y ruidoso
impacto editorial y mediático nos llega El
guardián invisible, la primera novela de la Trilogía de Baztán de la autora vasca Dolores Redondo (San
Sebastián, 1969).
Los cadáveres de unas
adolescentes son encontrados junto al río Baztán (Navarra). Los espantosos crímenes de “marcado aspecto
sexual” (cordel hundido en la garganta, ropa rasgada, manos en actitud
virginal, pubis rasurado y un dulce típico de la zona sobre la pelvis) parecen
obra de un asesino en serie. La investigación corresponde a la inspectora de
homicidios de la Policía Foral Amaia Salazar, idónea para el reto, tras (¡cómo
no!) formarse en Quantico con el FBI. El
trabajo policial obliga a Amaia Salazar a regresar a Elizondo, el pueblo donde
nació, en el que continúa residiendo su familia y del que siempre ha querido
huir.
Según ha reconocido Dolores
Redondo, para construir a su protagonista ha huido voluntariamente del cliché
del policía alcoholizado de vida desordenada. Ha preferido, en cambio, condenar
a Amaia Salazar a otro tipo de tormento no menos habitual en el género: la lucha contra sus obsesivos
fantasmas personales y familiares oscuramente arraigados en su infancia (Clarice Starling como referente conocido).
El guardián invisible presenta indudables puntos de interés: la
cultura y la mitología vasconavarras, la magia de los bosques y del entorno del
valle del río Baztán, la indagación en el matriarcado característico de la
región... Por el contrario, la trama policial resulta un tanto anémica y previsible.
Correcta. Éxito de ventas que poca novedad aporta al género criminal.
Las claves negras:
- Asesinatos en serie.
- Móvil sexual.
- Retorno al pasado.
- Los demonios personales del protagonista.
Dolores Redondo: El
guardián invisible, Destino, 2013.
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